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sábado, 11 de agosto de 2012

El hijo de la furia

¡Ay, Tyrone Power!



Aguantando palizas de su patrón, usurpador de su legítimo título nobiliario. Ligándose a la hija del patrón sin despeinarse, y dejándola para irse a buscar fortuna a sudamérica, buscando perlas en ostras.

Encontrando a la indígena más bella de la galaxia, y dejándola, esta vez para llevar a juicio al patrón déspota. Descubriendo que la hija es una arpía, ganando el juicio in extremis y regresando para quedarse con ese milagro de la naturaleza llamado Eva.


Y luego está Gene, de la que Zanuck dijo que sería "incuestionablemente la actriz más bella de la historia del cine". Palabra del productor de: El enemigo público, la venganza de Frank James, las uvas de la ira, qué verde era mi valle, el filo de la navaja, pasión de los fuertes, Eva al desnudo...

TÍTULO ORIGINAL Son of Fury: The Story of Benjamin Blake
AÑO 1942




DIRECTOR John Cromwell
GUIÓN Philip Dunne (Novela: Edison Marshall)
MÚSICA Alfred Newman
FOTOGRAFÍA Arthur C. Miller (B&N)
REPARTO Tyrone Power, Gene Tierney, George Sanders, Frances Farmer, Elsa Lanchester, Kay Johnson, John Carradine
PRODUCTORA Twentieth Century-Fox Film Corporation


SINOPSIS Benjamin Blake, hijo ilegítimo de un noble, tendrá que vérselas con su autoritario tío Sir Arthur Blake para hacer valer sus derechos como heredero, lo que da lugar a una auténtica batalla legal. Mientras tanto, se enamora de su prima Isabel y de una indígena a la que llama Eva.

La ruta del tabaco

El cine de John Ford se compone de pequeños detalles, escenas sin aparente importancia, que son al final las que perduran en la memoria colectiva. Ahí están la pelea en la boda de Centauros del desierto, los ladrones leyendo cómo cuidar a un bebé en Tres Padrinos, o el apretón de manos de El hombre tranquilo. En La ruta del tabaco encontramos varias escenas así, de esas que le arrancan al espectador alguna carcajada o alguna lagrima en el momento menos esperado, y que, al acabar, dejan un buen sabor de boca, a pesar de que se trate de una de las llamadas "menores" del genio de Maine. Y es que, sin ser de sus grandes obras, es una película de Ford. Eso se ve desde el comienzo. Esos planos del solitario camino, ese lirismo arrebatador, que tan bien sabía representar Ford, demostrando cómo el paso de los años ha hecho mella en la zona, donde ya no queda más que polvo.

Alguien dijo que el cine de John Ford cuenta la historia de los irlandeses. Aún siendo el cronista oficial de la historia norteamericana hasta la mitad del siglo XX, siempre tuvo presente su origen, y en su trilogía sobre la pobreza, no hace otra cosa que narrar los sucesos de la gran hambruna que sufrió Irlanda en el siglo XIX, y que acabó con su familia en el nuevo mundo. Por ello, todo su cine está impregnado de una sensibilidad que sale de la propia experiencia, y más aún estas tres películas. Pero para Ford, nunca una historia es lo demasiado triste como para dejar de lado el humor. Es la gran clave de la película, porque, narrando una historia tan dura y sombría, lo hace con su candidez habitual, con personajes entrañables, y diálogos cómicos, dando lugar a unas situaciones que en algún momento podrían llegar a parecer escatológicas. Pero, a pesar de todo, nunca deja de ser lo que Ford siempre ha contado, historias sencillas de personajes.

La película es un auténtico lucimiento para Charles Grapewin, un actor que nunca es lo suficientemente reconocido. Él solo lleva el peso de la película en todos los ámbitos. Con una interpretación muy fordiana, sabe darle el punto exacto entre comedia y drama para hacer creíble y entrañable su personaje. Una interpretación simplemente brillante. Todo el reparto es un muestrario el cine fordiano, lo que podríamos llamar irlandeses, locos, sueltos entre ellos, inadaptados, ya sea a un lugar o a una época. Y Ford es el único que sabría hacer algo así sin resultar caricaturesco o bufonesco. Es, probablemente, el único director que ha conseguido que en sus películas la cámara nunca esté, si no que sea el espectador el que sienta directamente la historia. Estamos realmente ahí, en esa pequeña granja desahuciada, y no la vemos através de una pantalla. También destacar esa brillantez plástica que consigue Ford siempre. Ya pueden ser los claroscuros de Centauros del desierto o el primer plano de Tom Joad en Las uvas de la ira, conseguía hacer poesía de la imagen, sin necesidad de barroquismos y efectismos. La sencillez hecha cine.

Gene Tierney

Gene Tierney pertenece a un “grupo” de actrices que son tan hermosas que a nadie le importa realmente si pueden o no actuar, o si lo hacen bien. Es suficiente que permanezcan en pose, y se muestren deseables. Fue el público el que la convirtió en una estrella. En sus primeros años en el cine, Gene Tierney era un estrellita joven que lucía sexy y atractiva, una más de las tantas que abundaban en el Hollywood de esa época. Pero no tardó mucho en manifestarse ese “algo”, que en la jerga del cine es más importante poseer que la habilidad misma, que la transformó en una verdadera estrella y la distinguió del resto. La sensualidad demostrada en películas como Laura (Laura, 1944) o en The Razor's Edge (El filo de la navaja, 1946) ha sido pocas veces igualada en la historia del cine. No importaba que fuera buena o mala –o regular- en sus interpretaciones, simplemente, iluminaba con su presencia la pantalla de tal forma que toda crítica destructiva para con ella se transformaba en un mero detalle. El paso del tiempo no hizo otra cosa que aumentar la fascinación de esta mujer, y un halo de “experiencia” de alguien que ha vivido lo suficiente estaba siempre latente.
Nació en Brooklyn, Nueva York, el 19 de noviembre de 1920, hija de un acaudalado hombre de negocios, posición que le permitió acceder a una excelente educación, en Connecticut y en Suiza. En una reunión de sociedad conoció al director Anatole Litvak, quien, impresionado por su belleza y magnetismo, la recomendó a directivos de la Warner Bros. y Columbia, y para ellos realizó diferentes pruebas cinematográficas, pero ninguna pareció convencerlos.
Gene Tierney y Charley Grapewin en TOBACCO ROAD (1941)La MGM se interesó en ella para estelarizar la película National Velvet, pero a último momento decidieron posponer la filmación (que años más tarde, en 1945, protagonizaría Elizabeth Taylor, con singular éxito), y la Tierney quedó nuevamente a la deriva. Un cazador de talentos de la 20th. Century Fox la presentó en el famoso estudio. Inmediatamente le fueron asignados papeles relativamente importantes en películas con fuertes interpretaciones masculinas, como The Return of Frank James (La venganza de Frank James, 1940) y Tobacco Road (El camino del tabaco, 1941), pero los críticos no fueron buenos con ella, y la catalogaron como “el peor descubrimiento del año”.
Sin embargo, la Fox detectó algo potencial en la Tierney, y decidió ofrecerle un largo contrato de exclusividad, prometiéndole mejores papeles. Así, le dieron el rol de la rebelde Belle Starr (La indómita, 1941), junto a Randolph Scott y Dana Andrews, y la película tuvo una buena acogida. Pero no sólo la Fox estaba impresionada con el nuevo descubrimiento: también la Artistas Unidos solicitó sus servicios, y le dio papeles de muchacha nativa en las producciones Sundown (Cuando muere el día, 1941) y The Shanghai Gesture (La pecadora de Shanghai, 1941). La Fox, para no ser menos, le ofreció un papel similar en Son of Fury (El hijo de la furia, 1942), y aunque las críticas sobre sus interpretaciones en las tres películas no fueron del todo elogiosas, bastaron para estabilizar su carrera y convertirla poco a poco en una estrella en ciernes.

Clifton Webb y Gene Tierney en LAURADe allí en más actuó en una serie de comedias más bien rutinarias, pero parecía que una fase de “diosa” se estaba formando alrededor suyo, y cuando Hedy Lamar abandonó el papel de Laura, la Tierney lo aceptó, y la película la inmortalizó de la noche a la mañana. Su interpretación fue única, ya que le dio al papel central un perfil amoroso, cuando en realidad la intención era rodearlo por una halo de misterio. Poseedora ya una reputación bien merecida, Gene Tierney eligió muy bien sus roles de allí en más: ofreció una actuación inolvidable dando vida a una despiadada mujer que no se detiene ante nada con tal de lograr lo que desea en la película del género negro Leave Her to Heaven (Que el Cielo la juzgue, 1945). Por esta actuación fue nominada al Oscar a la Mejor Actriz, pero perdió frente a Joan Crawford por Mildred Pierce (El suplicio de una madre, 1945). Después fue una esposa que cae víctima de los desmanes de su marido en la película gótica Dragonwyck (El castillo de Dragonwyck, 1946), tomó otro rol importante en una película “negra” junto a Tyrone Power en The Razor's Edge (El filo de la navaja, 1946) y encarnó a una viuda que se enamora del fantasma de un capitán de barco en The Ghost and Mrs. Muir (La dama y el fantasma, 1947).
Que El Cielo la JuzgueDespués de algunas películas rutinarias más, la Fox pareció perder interés en ella, por lo que a principios de la década del ’50, Gene Tierney apareció en algunas producciones para la Metro y la Paramount. Hacia 1951 estuvo en la Argentina, protagonizando una discreta película ambientada en las pampas, titulada Way of a Gaucho (El camino del gaucho, 1952), junto a Rory Calhoun. No conforme con los roles que le ofrecían, decidió emigrar a Inglaterra, donde filmó Personal Affair (Un asunto personal, 1953), y decidió permanecer un tiempo en Europa, ya que había iniciado un romance con el príncipe Aly Khan. La pareja no funcionó y Gene regresó a Hollywood, donde la Fox la ubicó en algunas películas donde su actuación era meramente “de relleno”, como Black Widow (La Viuda Negra, 1954), secundando a Ginger Rogers y The Left Hand of God (Del destino nadie huye, 1955), junto a nada menos que Humphrey Bogart.
Luego, voluntariamente, Gene Tierney se internó en una institución para pacientes con trastornos mentales, en Idaho. Hacía ya un largo tiempo que la actriz no se sentía bien, y era blanco de súbitos ataques de pánico. Las causas parecen haber sido varias, pero todo parecía indicar que Gene nunca pudo superar el hecho de que su primera hija (que tuvo con su diseñador de vestuarios, Oleg Cassini) hubiera nacido con retraso mental, debido a que, durante el embarazo, Tierney se contagió de rubéola de una admiradora que la besó efusivamente en la mejilla. Otros, dicen que no pudo superar la ruptura de su noviazgo con el príncipe. Por muchos años estuvo alejada por completo del cine, y sus admiradores esperaban ansiosos su retorno.
La Fox le ofreció varios papeles, pero Gene no se sentía cómoda con ellos. A la vez, en 1960 contrajo matrimonio con un millonario petrolero, por lo que su retorno a la pantalla parecía cada vez más lejano. Decidida a complacer al estudio que tanto había hecho por su carrera, aceptó papeles secundarios en Advise and Consent (Tormenta sobre Washington, 1962) y The Pleasure Seekers (En busca del placer, 1964), donde se notaba en ella el paso de los años y alguna que otra secuela de su enfermedad. En definitiva, no se sintió interesada en seguir filmando, por lo que decidió retirarse.
En sus últimos años, se mantuvo muy activa escribiendo en un diario de Houston acerca de sus propias investigaciones para el estudio de la salud mental, y organizó varias cruzadas a favor de los niños que requieren educación especial. Se sentía inmensamente feliz con la posibilidad de ayudar a quienes, como ella, sufrían padecimientos similares. Finalmente, falleció de enfisema el 6 de noviembre de 1991.